jueves, 27 de octubre de 2016


Hoy es un jueves como cualquier otro. Un día más que se atasca en el zapato izquierdo, siempre en el mismo lado. Hace un calor de aquellos, como si un volcán nos quisiera consumir por ser tan raros y antiestéticos. Parece que todos los días fueran iguales, sin embargo. La misma rutina inquietante de decenas de mañanas levantándonos temprano; sonriendo levemente, pisando la ropa del suelo, con el café y el té verde a punto. Parece que la mañana fuera nuestro momento, nuestro idilio clandestino. Otro jueves normal, de ropa sucia y almuerzos apurados, la masa se apresura a fermentar, mis manos se han acostumbrado a todo este vaivén de tareas simples y sincronizadas, mientras tú estás allá, lejos, viviendo quizá qué aventuras, o al menos eso me imagino todo el tiempo. Presumo que tu vida cumple un mismo estándar de rutina que el mio, cumpliendo otras funciones con tus ojos puestos en algun artefacto tecnológico.
Hace unas semanas estuve triste, me sentí vacía, inútil, desmotivada. Estoy segura que no es nada agradable lidiar con una discapacitada mental como yo, pero ahora me siento mejor y quizá por eso escribo ahora, porque mi alma está menos desestructurada, he aprendido una lección después de eso; a comer lentamente las migajas y disfrutar el paisaje, como si uno estuviera de viaje todos los días. Todos los días me bajó en la misma estación y camino hacia el trabajo como una persona común y corriente, veo a la misma gente, y cumplo las mismas funciones día tras día. Hoy es un jueves como cualquier otro, estoy al pie del cañón esperando que el público venga a verme actuar. Hoy es un día normal. ¿Lo es? Anoche nacieron los gatitos de la gata que no tiene dueño, nacieron en el sofá grande, son tres hermosos gatitos maulladores. Se quedarán en la familia, eso está decidido. Estuve planificando el taller que pretendo construir para hacer crecer mi negocio. Hoy me hice una cola de caballo con el corto pelo que tengo. Jugamos con mi chuky toda la mañana, creamos una escuela de gatos y gracias a eso se comió toda la comida y estuvo muy feliz. Ha sido un jueves fenomenal hasta ahora. Un jueves normal lleno de pequeñas aventuras, mi amor.

domingo, 9 de octubre de 2016

365 amaneceres


Los ecos del tiempo se han disipado. He descubierto nuevos olores y sabores en este recorrer de calles y silencios. Porque si, hay silencios enormes desde que te conozco. Y aunque no estoy perturbada, ni es molesta la falta de palabras, es extraño; siempre estuve acostumbrada a la ligereza de palabras, a la inadecuada procedencia de las excusas, a los argumentos inagotables al lado de una copa de vino. Entre tú y yo, tenemos lo imprescindible y lo palpable. Me acostumbro a duras penas a rodearme de tu aura, que es como una cosa ininteligible que me sobrecoge. Un aura llena de misterios infantiles, como si supieras que estás aquí para ser definitivo. No quiero imaginarme nada, porque el futuro es una fantasía para privilegiados; no tengo tanto tiempo, ni recursos para pensar que habrá un mañana que nos halle despiertos mirando el horizonte. Estoy haciendo de mi día una contemplación azarosa. No hay nada que delinee algún armazón poderoso para hacernos invencibles; pereceremos, como todas las cosas bajo el sol, cosas hermosas y terribles, porque eso es lo que somos, a eso pertenecemos… lo hermoso, terrible y desechable. A pocas semanas de dar una vuelta al sol juntos; en la inestabilidad de lo humano juntos, con alegrías y tristezas diminutas persiguiéndonos: ¿cuánto hemos aprendido? ¿qué hemos hallado? ¿qué hemos conseguido y/o perdido? La vida está en constante interrogante para nosotros… respondernos es una tarea irresistible, pero las preguntas que nos hagamos serán las decisivas al final… ¿seguirás conmigo después de estos 365 amaneceres?